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Ayer estuve ayudando a mi hijo a hacer sus tareas, y me preguntó cuál de los valores era para mí el más importante. Con aire de sufiiciencia y empleando el tono de quien quiere despacharse el discurso de su vida comencé a hilvanar una serie de ideas y conceptos para demostrarle el buen padre que tiene y para, aprovechando una de las pocas ocasiones para poder hacerlo, impresionarlo para toda su vida del concepto de valores.
La verdad que pensé unos cinco segundos antes de decir algo, mi buen hijo con una sonrisa socarrona y achicando un ojo, como cuando pregunta algo se sexo que ya sabe (para comparar si lo que sabe también lo se yo) ahuecó las manos y hundió los cachetes en ellas respirando un "esto tiene para rato". Pensé en decirle tantas cosas, en esos segundos creí el más improtante la puntualidad (así me enseñaron mis padres, es el fundamento de los valores, siempre lo ha sido), pero luego, más moderno yo, pretendí endilgarle una explicación convincente sobre la constancia y sus efectos en el trabajo, los estudios y todas las actividades humanas, más aún me dije, la constancia más optimismo dan éxito seguro, estamos en los tiempos de la calidad y seguro que estos deben ser los valores fundamentales.
Qué capacidad la mía para poder encontrar un valor adecuado para la época y me disponía a decírselo, cuando una luz cual último flash de nuestra cámara digital iluminó el reducido espacio de mi mente, subiéndome la presión poque entonces sabía que podía improvisar una gran disertación convincente sobre este valor que iluminaba y guiaba mi verbo. No se cómo se lo dije: "LA AUTOCRÍTICA", sí para mi la autocrítica es el principal valor a cultivar por culquier persona que quiere sobresalir, ¿te imaginas a alquien que quiera alcanzar el éxito sin antes conocer cuál es su posición, en dónde se encuentra, a dónde quiere llegar, cuáles son sus posibilidades?, la autocrítica es necesaria para dar el siguiente paso, para tomar la siguiente dirección, nadie puede cambiar de verdad si no conoce sus debilidades y fortalezas, cómo iniciar un verdadero cambio sin tener una verdadera idea de lo qué somos. Si, la autocrítica es muy importante, pero la verdadera, aquella que te describe como eres por dentro y por fuera, sin temos a reconocer tus miserias y a enorgullecerte de tus cualidades, la autocrítica que inexorablemente te va a fortalecer. Imagínate ir por la vida sin saber de verdad quién eres, ¿cómo puede conocer a tus adversarios o enfrentar los grandes retos si no te conoces?, si no conocer tus armas y tus puntos débiles, por eso hijo mío (entonando mis palabras para un final dramático), la autocrítica es el valor fundamental para llegar al éxito sin desmayar en el camino.
Mi hijo me miró, sus orejas se movieron una primero y la otra después (curiosa particularidad que hasta ahora no me había fijado), cogió sus lapiceros, como cuando el croupier recoge las cartas jugadas, de un solo abanico, cerró sus libros e inició la retirada, no se si convencido.
Me atrevía a pedirle, casi suplicarle, para medir el efecto de mis palabras, que se hiciera una autocrítica en voz alta, empezando por sus virtudes y luego por sus defectos. "Claro", dijo, "no problem, soy estudioso, trabajador, honesto, super honrado, educado, puntual, cariñoso, inteligente, proactivo",... qué cosa, caramba la vida nos da sorpresas, "trabajador, inteligente, buen hijo, mejor hermano", empecé a creer que podría tratarse de un problema de excesiva autoestima y lo apuré, mejor dime tus defectos le reclamé". "Sólo tengo unito" me dijo muy serio, caramba, este muchacho si tiene un problema de autoestima, "un defecto cualuiera lo tiene, soy muy mentiroso". Y salió de lo más campante, ajuntándose la correa, mientras que sentía que mi quijada tocaba mi manzana de adán.
Por la mañana cuando me crucé con mi sobrino me escupió el saludo que usa cuando esta molesto por algo, un "Qué hay", frío y lejano, como queriendo que nadie lo escuche; al toque para darle ánimo le dije, conociendo su incipiente pasión por los blanquiazules, seguro que estás así por que campeonó la U, "Bueno... en realidad no solo por eso, sino porque les han perdonado la vida a los juergueros de la selección", bueno le dije, era de esperarse, no hay que ser adivino con saber que estamos en el Perú basta y me contestó "no sé por qué mierda no sacan a Burga", levántandose rápido dando por zanjado el tema y concluída la conversación.
Pero no soy persona a la cual se le convenza tan rápido, le seguí los pasos y le dije, si sale este burga (con minúsculas) otros burgas entrarán, y si no hay burgas habrá delfinos, grodos gonzalez, malquis, píos dávilas o juvenales silvas, todos iguales, siempre existirá una cola de tiburones detrás de la presa, dispuestos a sacar su mordisco, bueno y si se acaban estos vendrán los uribes, los chemos o cualquier oportunista que por embolsillarse un billetón jugarán al entrenador y con nuestras ilusiones por un tiempo, hasta que los de la especie de los burgas puedan cambiarlo por otro conchudo. No te hagas paltas, proseguí (como verán tratando de usar el lenguaje de los adolescentes y ´jóvenes de hoy), la huevada viene por otro lado, en primer lugar haz como yo (aquí inflé el pecho, escondí la barriga y me abrí el saco para que se me viera la cadena de oro que llevo en el cuello, gesto que siempre impresiona a las mujeres, pero comprobé que a mi sobrino para nada), toma la cosa deportivamente, si Perú pierde, por lo menos ganamos en otras huevadas, "Qué por ejemplo..." me inquirió pendejamente, la verdad que casi me quedo callado, pero seguí y dije, tratando de ser convincente, el TLC, tenemos una economía sólida, somos un país muy democrático, vamos a exportar gas, tenemos a Vargas Llosa, a Javier Pérez de Cuellar, (...y comencé a mirar el techo, como cuando estaba en primaria, me estaba arrugando ante este proyecto de hombre), volteó, no me dijo nada, pero en sus ojos leí claramente "a mí que chucha me importa", sentí ganas de orinar.
No me di por vencido y contrataqué con lo último de mi repertorio, lo que pasa es que desde el colegio nos forman mal dije, poniendo cara de serio, acuérdate, los profesores nos dicen siempre LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR, y desde allí salimos castrados para cualquier competencia, ¿con qué fuerza vamos a competir si ya tenemos de por vida fabricada una disculpa? LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR, para qué vamos a la guerra si sólo vamos a participar, noooo, cuando nos enseñan esto nos mutilan para toda la vida, LO IMPORTANTE ES GANAR, debemos esforzarnos por ganar, en la pichanga, en el colegio, en el campeonato mundial, en la vida, jamas es bueno pensar que asumimos un gran reto por sólo participar, no nos sintamos menos que nadie, salgamos a matar al enemigo, a no perdonar goles, A GANAR, dejemos LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR para los inútiles, para los fracazados, para los que están seguros que son incapaces de dar la vida por un ideal, nooo, nosotros debemos convencernos que LO IMPORTANTE ES GANAR, solo cuando estemos convencidos de esto estaremos convencidos también que si perdemos podemos superarnos para la próxima, tendremos el orgullo de vivir de nuestra derrota sabiendo que no fuimos a solo participar y que el adversario fue mejor, mantendremos viva una esperanza de alcanzar un logro con el esfuerzo que hagamos, por eso aprende de cada golpe, de cada esfuerzo y emplea esta enseñanza para tu próximo reto... En este punto ya me había aflojado la correa, tenía sudor en la frente y él, mi sobrino al frente, con la boca abierta y el chicle que se le salía, se recuperó, absorvió un poco de aire, el chicle como yoyo regresó a su posición natural y entornando sus ojos me dijo "puta tío que paja, tienes razón", con otro color en la cara.
Salió corriendo y alcancé a gritarle a dónde vas, "a ganar..." me contestó.
Siempre he creído que el poder escribir es una gran medicina contra el strees, la tristeza y a veces contra la soledad, además he aprendido, de las pequeñas cosas que ando escribiendo, que también es una "pastilla" de alegría, como diría Belmont. Pero creo que la mayor alegría de quien escribe es saber que al otro lado hay alquien que lee.
Pues acabo de echarme a escribir, lo primero que se me ocurrió una experiencia de hace algún tiempo. Me sucedió cuando fui al mercado, a donde sabía ir los fines de semana (digo sabía ir, porque ahora con lo caro que están las cosas ya no voy muy seguido, además, comodón como todos nosotros, ahora prefiero plaza vea, tottus o cualquiera de estos gigantes).
Por lo general me siento cómodo caminando por un mercado, por ley visito los mercados de las ciudades que voy conociendo, me imagino de viejo visitando mi peluquería favorita todos los días, porque es el otro lugar en donde me siento igual de cómodo. En un mercado se percibe el humor y el estado de ánimo de la gente, en tiempos difíciles se vive un ambiente pre-guerra, en tiempos de bonanza, aún los que no te conocen te saludan (aquí se siente de verdad si el "chorreo" de la economía es tal o es solo un goteo), será por eso que mi primer post esté relacionado con un mercado.
Les decía que hace ya rato, en un fin de semana, me paseaba entre puestos de frutas y verduras, saludando a las "caseritas" y tratando de estirar los soles para que cubran nuestras necesidades semanales. Recuerdo que hacía un poco de frío, el piso era casi intransitable por el barro que había producido la lluvia de la noche anterior, cuando debajo de un sombrero negro, con una cinta multicolor que hacía un lazo y colgaba hacia un costado pude ver dos ojazos negros, despiertos, de esos que en cada pestañeo dejan escapar chispas de energía, que eran el complemento perfecto de la cara de una niña de unos diez años, que al notar mi mirada inmediatamente me presentó una cajita de carton mientras me decía "compre tunitas maestro".
La gracia de sus gestos y la claridad de su expresión me detuvieron, efectivamente, dentro de la cajita habían doce tunas, agrupadas de a cuatro. Sin dejar de mirar sus ojos y como un autómata le pregunté "a cuánto?", como si la respuesta fuera por los diez mil reales me dijo "cuatro por un sol".
Bueno aquí, no se si la oportunidad de llevar tunas frescas para mi familia o la codicia, rompieron el encanto que comenzaba a apoderarse de mi como efecto de esos ojos negros, tan inocentes y tan pícaros a la vez y sin más le lancé la oferta del día "ya, dame las doce".
Esos ojos nuevamente. Las cejas se entornaron de manera perfecta resaltando la picardía de cada uno de ellos, picardía que sin más se convirtió en seria preocupación, mientra me contestó "no puedo venderle las doce". Qué raro, pensé y la pregunta que salió sola "y por qué".
Y aquí dibujó una sonrisa de dientes serranos, como el choclo verde, sonrisa con aroma y con música que no se oye pero que el cerebro imagina perfecta (siempre que deseo combatir el estres traigo a mi mente esta imagen con un efecto inmediato), y con la mayor soltura y desparpajo me dijo "y después qué vendo"...
Ahora se que ese día, además de comprar ocho tunas por el precio de doce, compre un momento de alegría para toda la vida.